Había una vez una dulce niña con una caperuza roja con la que iba a todas partes, así que un vecino le puso el nombre de Caperucita ROXA. Al vecino luego le hicieron alcalde porque vaya puto lumbreras.

Un día la abuela de Caperucita Roxa, que vivía en el bosque, enfermó y la madre de Caperucita le pidió que le llevara una cesta con casadielles, un tarro de mantequilla y dos cajes de sidra selección con un escanciador eléctrico, en concreto esi con la forma de Preciado. Caperucita aceptó encantada pero tiró el escanciador porque según ella “la sidra tien que escanciala un paisano”.

– Ten mucho cuidado Caperucita, y no te entretengas en el bosque.
– Sí, claro. Voy parar en el bosque pudiendo ir a les rebajes de Parque Principado – contestó Caperucita.

La niña caminaba tranquilamente por el bosque cuando un malvado lobo la vio y se acercó a ella.

– ¿Dónde vas Caperucita?
– A casa de mi abuelita a llevarle casadielles, un tarro de mantequilla y dos cajes de sidra selección.
– ¿No lleves también un escanciador eléctricu? Haylos con la forma de Preciado muy guapos…
– Tú serás lobo, pero gilipollas también…
– Ehhh… Oye, ¡yo quiero ir a ver a tu abuelita! ¿Por qué no hacemos una carrera? Yo iré por ese camino largo y tú con Fernando Alonso.
– ¡Vale!

El lobo, obviamente, llegó antes a casa de la abuelita. Así que se hizo pasar por Caperucita y llamó a la puerta.

– ¿Quién es?, contestó la abuelita.
– Soy yo, Caperucita – dijo el lobo.
– Caperucita, ¿qué estuviste en Kaos y vienes de doblete? Porque con esa voz pareces un lobo.
– No, ehhh… ye que toi imitando a MASSIEL.
– Ah, entonces pasa.

El lobo entró, se abalanzó sobre la abuelita y se la comió de un bocado. Luego se puso su camisón y se metió en la cama a esperar a que llegara Caperucita Roxa, que llegó tres horas más tarde con Fernando Alonso y remolcaos por desguaces Cañamina.

– Ye culpa del motor. No tiene fiabilidad…
– Ya me lo dijiste 4 veces, Fernando. Calla un poco, que me pones la cabeza loca…

Caperucita Roxa llamó entonces a la casa de su abuela y el lobo disfrazado se acercó a la puerta.

– ¿Quién es?, contestó el lobo tratando de afinar su voz
– Soy yo, Caperucita. Traigo casadielles, un tarrito de mantequilla y dos cajes de sidra selección.
– Cagon mi madre, ¡ahí falten unos farias!

Caperucita se quedó extrañada por la respuesta pero al ver que la puerta se abría penetró dentro de la casa y allí encontró muy cambiada a su abuelita, aunque no supo bien porqué.

– ¡Abuelita, te veo rara! De hecho pareces el lobo de antes con camisón.
– Que imaginación tienes, guaja. Eso ye desde que pusisteis NETFLIX.
– ¡Abuelita, qué ojos más grandes tienes!
– Son para comerte mejor.
– ¿¿Comerte mejor??
– Ahhh… eh, no. Perdón, eso ye luego…
– ¡Abuelita, qué orejas tan grandes tienes!
– Son para oírte mejor…
– Abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
– ¡¡Ahoraaarrr!! ¡¡Te abraso!!

En cuanto dijo esto el lobo se lanzó sobre Caperucita y se la comió también. Pero en ese momento Fernando Alonso entró dentro de la casa y cuando vio al lobo con la panza hinchada se imaginó lo ocurrido.

– ¡Que fea ye la güela, parez un lobo! ¡Y vaya panza! ¡Ta preñada fijo! ¡Cuanto vicio hay en Laviana!

Pero entonces Caperucita Roxa gritó muy fuerte dentro de la barriga y Fernando Alonso se imaginó lo ocurrido.

– ¡Vaya ruidu que fae la paisana! ¡Eso ye que lleva Motor Honda!

Fernando Alonso llamó a los mecánicos de Mclaren y al abrir al lobo encontraron en la tripa del animal a Caperucita y a su abuelita. Después de liberarlos le pusieron frenos, suspensión, una buena cilindrada y ya es el coche de Fernando para este 2018. Mejor que el año pasado queda seguro.

Por su parte Caperucita prometió hacer siempre caso a lo que le dijera su madre pero como estaba buena se casó con Fernando Alonso. La abuela marchó para Benidorm con el IMSERSO. Y todos fueron felices y comieron perdices. Y casadielles.

FIN.

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