Pola de Laviana. Viernes. 21:10 de la noche. Dos amigos vascos de Bilbao se disponían a hacer el Camino de Santiago, pero rodeando. Porque son vascos y pueden. Patxi y Andoni, que así se llamaban los zagales se adentraron entonces en tierras asturianas y sintieron un hambre nivel “Falete”, así que decidieron parar en el conocido Chigre de EL MINERU, especialista en carnes y cachopo.

Ya en el interior, Andoni se acercó confiado a la barra y depositó sobre ella su txapela. Patxi, mientras, intento entablar conversación con CELESTO, el dueño del bar. “¡Amable posadero, pues! ¿Con que nos puede agasajar?” Celesto les miró engrifado pero intentó mantener los modales, al menos hasta donde su mala hostia le permitía: “¿Quies sidra?”, les ladró. Pero la pareja vasca declinó la invitación, alegando que “la sidra asturiana es claramente peor que la vasca”. Así que pidieron dos Aquarius.

Celesto cada vez más tenso les acercó la bandeja de pinchos. “¿A cuánto son, pues?” preguntó Patxi, que se mostró asombrado cuando comprobó que eran cortesía de la casa. “Ahivalahostia, ¡pintxos gratis!”. “Claro, Patxi! ¡Es que los nuestros son tan buenos que hay que cobrarlos!”, contestó Andoni. Celesto empezaba ya a estar “más quemao que la pipa de un indio”.

Patxi y Andoni volvieron a reclamar sus servicios del chigreru asturiano. En esta ocasión, los dos pintorescos vascos querían “picar algo”. “Que te digo yo, posadero… ¿Tendrás una vaca que trocearnos?” Celesto sonrió. Él, que había estado en mil huelgas mineras, sabía quién resiste vence. Y había llegado su momento: “Pues una vaca no. Pero tengo CACHOPO”. La trampa estaba servida.

“Ca-ca-Chooo-po… ¡glup!”, tartamudeó Andoni, mientras le salía la saliva de la boca. Ambos vascos habían escuchado ancestrales leyendas sobre unos filetes empanados que se comían en Asturias y que a los 7 días de digeridos llamábate una china por teléfono y te mataba. Evidentemente no era así. ERA PEOR.

Celesto fue a la cocina y sacó un cachopo que no se lo salta un gitano. Pero un gitano con pértiga. Aquello parecía el edredón de Gasol. Pero Patxi muy vasco él, y además campeón de Barakaldo en levantamiento de piedra, intentó alzar el cachopo por sorpresa. El cachopo lo levantó a él. Ahí los vascos recularon y vieron a que se enfrentaban. Pero los vascos son vascos, por eso se llaman así y no iban salir de allí sin demostrarlo. Así que respiraron hondo, se abrazaron con miedo y se atrevieron a pedir… MEDIO CACHOPO.

Celesto sonrió malévolamente y les expulsó del chigre. La reglamentación del Principado para bares y chigres asturianos así lo permite. A la salida, una unidad especial de las fuerzas y seguridad del Estado les esperaban con la orden de disparar y luego preguntar. Y eso hicieron. La txapela de Andoni fue convenientemente enviada a su familia. Con agujeros.

MORALEJA: Nunca pidas medio cachopo, por dios.