Los asturianos, en cuanto a valor se refiere, tenemos poco o nada que demostrar. No ye que seamos valientes, no, ¡ye que tenemos los coyones como balones de Nivea! Si preguntas a cualquiera, te dirá que un asturiano solo le tiene miedo a una cosa: ir a una espicha y quedar con fame.

Pero aquí, como estamos entre nosotros, vamos a sincerarnos y confesar toda, toda la verdad. Los asturianos tenemos también nuestros miedos, nuestras pesadillas y nuestros monstruos. Y ya que estamos en Halloween, ¿qué mejor momento para repasalos?

1. La Cazurra de la Curva.
Ser femenino que se aparece, durante las noches de folixa, en las carreteras entre Asturias y León. Según la leyenda, si la subes al coche, resulta ser muy agradable, hasta que ve las luces de una fiesta de prau y exclama: “¡En esa folixa me jumé yo!”… y acto seguido te vomita dentro del coche.

2. La Momia de TunelNegrón.
Ser mitológico de la cultura asturiana. Se cree que en el 1335 antes de Cristo, cuando se iniciaron la obras de la Variante de Pajares, un obrero quedó sepultado por un argayu. Desde entonces, la momia de TunelNegrón, sale de su sarcófago una y otra vez para boicotear la faraónica obra del Ave asturiano.

3. Los muertos bebientes del Aquasella.
Con los ojos en sangre, la ropa gocha y un indescifrable lenguaje, estas hordas de vascos y madrileños invaden Arriondas y Ribadesella el fin de semana del Descenso del Sella. Los también conocidos como “no muertos” son el resultado de mezclar cacharros, sidra y “otras sustancias” sin determinar.

4. El Triangulo de Villalpando.
Zona geográfica situada en las proximidades de dicha localidad zamorana. Fenómeno paranormal sin explicación científica. Si un asturiano, parando en Villalpando, se aleja más de un kilómetro de la estación de servicio del ALSA, abre una grieta en el espacio tiempo y queda atrapado para siempre en una dimensión desconocida, comiendo pinchos de tortilla con cocacola hasta el fin de los tiempos.

5. El Monstruo del Lago Enol.
Aunque no existe una imagen enfocada del monstruo, muchos testigos, todos ebrios y/o drogados, aseguran que vive en el lago que lleva su nombre. En 1989 Juan Pablo II creyó avistarlo durante su visita a Covadonga, pero finalmente resultó ser el mojón de un turista alemán que se había cagado en el agua.

6. Las Brujas de Taramundi.
Se trata de tres mujeres gallegas que dan clase en la guardería la citada localidad del oriente asturiano. En realidad no son brujas, ni vuelan sobre una escoba, ni se comen a los niños ni nada, pero hacen algo mucho peor: les enseñan palabras blasfemas como “riquiño” o ”sidriña”.

7. El Abominable Hombre de Anieves.
En la parroquia de Agüeria (Oviedo), vive este eslabón perdido de la evolución asturiana. Los más antiguos del lugar, cuentan que cayó de pequeño en una pipa de licor de piescu, perdiendo el juicio y la capacidad de sentir frío. Desde entonces, pasea medio en pelotas sobre una extraña mountain bike.

8. Nosforiatu, el Príncipe de las Vinotecas.
Allá por el siglo XV, Antón de la Cogolla, un foriatu procedente de La Rioja, abrió la primera vinoteca en Oviedo. Desde entonces, estos establecimientos blasfemos no dejan de crecer en el Principado, amenazando lo más sagrado de nuestra cultura: la sidra.