Los españoles lo tienen claro. El conflicto catalán solo lo puede resolver el pueblo llano. ¿Y por qué? Porque nuestros políticos tienen menos luces que la linterna de David el Gnomo. Menos reflejos que un espejo de corcho. Son tan cortos que van a la vendimia y llevan uvas de postre. Andan más perdidos que un submarinista en el desierto del Gobi.

Pero es que encima tienen más peligro que Rambo en un restaurante coreano. Que Stevie Wonder jugando a los dardos. Que Curro Jiménez en el Corte Ingles. Tienen más peligro que un tiroteo en un ascensor. Que un mono con una Gillette. Que El Dioni en Simago.

Y los españoles lo sabemos. Y además no estamos para perder el tiempo. Porque tenemos más problemas que Robocop pasando por el detector de metales. Menos dinero que el que se está bañando. Trabajamos menos que los reservas de un futbolín. Está la cosa más difícil que lavarse los pies en una botella y el futuro más negro que la habitación de Drácula.

Así que ha llegado la hora, vamos a arreglarnos entre nosotros. Españoles, catalanes: ESPAÑA ADMITE LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA, PERO A CAMBIO DE QUE SE LLAME CHIQUITISTÁN.

Ojo, porque parece que Puigdemont, la CUP y Casa Tarradellas han aceptado la propuesta, pero con una condición: adaptar diferentes términos “chiquitistiano” al catalán. Este es el listado:

“¿Te da cuen?” = ¿Saben aquel que diu?”

“¡Fistro!” = “¡Español!”

“¡Pecaor de la pradera!” = “¡Pecador de las ramblas!”

“¡Hombre malo, violento!” = “¡Hombre malo, Rajoy!”.

“¡A can demor e narrr!” = “!A Camp de Nou e nar!”

Parece que ahora mismo se está votando en el Parlament: “¡No te digo trigo por no llamarte Robert!”, “Sieteee caballo vienennn de Gironaaaa” y “¡Uno que nació después de la independencia!”.

HASTA SIEMPRE, MAESTRO.