El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se fue ayer lunes a su fiesta favorita, el Carmín de la Pola. Nada nuevo bajo el caprichoso sol asturiano, excepto por el medio de transporte empleado: el avión oficial.

Ante el aluvión de críticas recibidas por la utilización del Falcon la vicepresidenta, Carmen Calvo, explicaba esta mañana que el viaje de Sánchez formaba parte de su “agenda cultural”, comparando la fiesta asturiana con acudir al teatro o a la ópera. Además, Calvo señalaba que horas antes, Sánchez se habría reunido con sus colegas de partido Adriana Lastra y Adrián Barbón. Durante dicha reunión, se debatieron temas internos, tales como la compra de tortillas, empanadas, croquetas y varias cajas de sidra.

En la fiesta, el presidente aprovechó para charlar con el electorado asturiano y lanzar una nueva promesa a la población: Sánchez anunció que estaba dispuesto, de manera inminente, a “bajar el agua”. Desgraciadamente, sobre el precio de la luz, el gasóleo, o el jamón de 5 jotas, no se posicionaba en modo alguno.

A pesar de las excusas dadas por el gobierno, el resto de partidos exigen explicaciones por los hechos ocurridos. Es el caso de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, que solicita saber el coste del desplazamiento, lo que pudo contaminar el vuelo, y el estado del práu cuando el presidente abandonó la folixa.

La de ayer, no era la primera vez que un presidente del gobierno visitaba el Carmín de la Pola. Hace años que el anterior jefe de gobierno, Mariano Rajoy, se convertía en un habitual del prao de la Sobatiella.