Antonio Garrido Chicheri disfrutaba, junto a su mujer y su niño de 3 años, de la primera quincena de Julio en unos apartamentos de Posada (Llanes). Sus vacaciones en Asturias estaban resultando idílicas, hasta que el último día de su estancia, el joven, tomaba una dramática decisión.

“Mañana me animo cariño, que no se diga… ¡me voy a dar un bañito en el Cantábrico”

El murciano, acostumbrado a las cálidas temperaturas del Mediterráneo, no era consciente de las consecuencias que tendría el chapuzón, tanto para él como para su inocente familia.

“Al principio, nada más poner los pies en la orilla, sentí como si una descarga eléctrica me atravesara todo el cuerpo, pero como había mucha gente mirando, no era plan de echarse atrás. Lo malo de verdad fue al llegar a la parte noble. En cuanto los testículos notaron el agua helada, fue como una especie de implosión genital. Los chiquitines se guardaron dentro de mi, y en un instinto de superviviencia, se llevaron con ellos al colega del centro”

Con estas palabras se lamentaba Antonio, que aún hoy muestra el miedo en sus ojos cuando nos cuenta su terrorífica historia. Tras el nefasto episodio, su mujer y él cayeron en una profunda depresión. Irónicamente, el matrimonio estaban buscando con ahínco “la parejita” durante sus vacaciones en el Principado.

Hoy, con la tímida reaparición del pene de Antonio, la pareja vuelve a tener alguna esperanza. Pero aún no han recuperado la alegría. Ya que una cosa es la ofloración del miembro viril y otra muy distinta la vuelta de su vigor. Por esta razón distintos urólogos les han aconsejado paciencia, pues ambos tienen por delante un camino “largo y duro”… nunca mejor dicho.