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DOS. Esas son las neuronas que le encontraron al periodista que escribió el polémico artículo que circula por las redes sociales generando indignación entre asturianos y amantes de nuestra gastronomía. ¿El motivo? Poner en duda la autenticidad de la fabada como auténtico plato regional.

Según el escritor del artículo bajo el título ‘Patria querida de quién’: «la fabada asturiana no existe. Se hace fuerte en los mentideros asturianos una teoría sin fundamento que sostiene que este plato ya se preparaba en Asturias mucho antes de que el Nuevo Mundo regalase a Europa las imprescindibles alubias, y que su ingrediente principal eran las raquíticas habas (en latín, faba) y de las que el potaje en cuestión tomaba su nombre. De ser esto cierto —que no lo es—, significaría que estas impías gentes del norte repudiaron inmisericordes la humilde haba mediterránea, la base misma de su amadísima receta, y la sustituyeron sin miramientos por la lustrosa phaseolus vulgaris sin modificar ni una sola letra del nombre del plato… Qué vergüenza».

Además refuerza su teoría en las pocas evidencias sobre la costumbre histórica de cocinar este plato en Asturias. «Nada se narra en La Regenta, a pesar del esfuerzo de Clarín por retratar los hábitos gastronómicos de Asturias. Ni un solo texto anterior a 1884 hace referencia alguna a la fabada».

El texto termina acusando a los asturianos de apropiarse del Príncipe de la Corona española, de robar gaitas y los gaiteros a Galicia y de hacer con el queso Cabrales una copia del queso picón de Caviedes, además de llamarnos BRAVUCONES.

El gobierno español ya ha reconocido que el susodicho periodista cobra una paga del Estado además de comerse los mocos con cuchara. De todas formas no descarta aplicarle el garrote vil y la prisión permanente revisable. En ese orden.

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