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El bicampeón del mundo asturiano, aprovechando el parón estival de la Fórmula 1, se encuentra en el Principado pasando unas breves vacaciones . Alonso, animado por el excepcional buen tiempo, decidía esta mañana pasar un agradable domingo de playa en Rodiles (Villaviciosa). Sin duda era una gran decisión. Pero la decisión de ir a bordo de su McLaren Honda no fue tan celebrada, ni por él, ni por los miles de asturianos que la terminarían sufriendo.

Cuando el piloto ovetense decidía que ya era hora de volver a casa, su monoplaza no estaba de acuerdo. Escasos metros después de arrancar, saliendo del parking de la playa, un extraño ruido del motor hacía saltar todas las alarmas. Y al incorporarse a la A-8, la conocida como la Autovía del Cantábrico, el McLaren del bicampeon del mundo decía adiós definitivamente a la idílica jornada de playa. El coche del asturiano se detenía definitivamente, colapsando uno de los carriles. Pocos minutos después, el atasco ya era muy importante, y en estos momentos alcanza ya los 22 kilómetros.

Según ha podido saber este medio, la avería del monoplaza está lejos de resolverse. Alonso pidió por el team radio un coche competente, un picho de tortilla con coca-cola y un bote de after sun. Porque como él mismo aseguraba: “hoy estoy tan quemado por dentro como por fuera”.

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