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“A tomar por culo”, nos dice un MARIO PICAZO visiblemente nervioso. Y es que los meteorólogos no siempre aciertan con sus pronósticos, pero en el caso de Asturies ya parez un cachondeo.

Mario Picazo estudió 5 años de carrera, tiene 4 masters de especialización y usa 20 satélites METEOSAT que le suministran día y noche información de la atmósfera superior. “Vaya puta mierda”, recalca el famoso hombre del tiempo. “¿Pa que val to eso? ¡Si siempre fallo!” Acierto más en la bonoloto…”

Pero la estocada final para Mario Picazo fue el duelo a muerte que mantuvo con XOSÉ VILLA, un cabrero de Sotrondio. “Estaba yo dando una charla coloquio por la zona de la Cuenca, dejando a todo el mundo con la boca abierta con mi verbo fácil, cuando aparece este campesino y me humilla…”

Y es que Xosé Villa y Mario Picazo se retaron en un duelo a muerte bajo el sol. El que adivinará el tiempo en Asturies del día siguiente era el vencedor y podía da-y una hostia al otru. Vamos, lo que es la típica apuesta entre paisanos. Picazo empezó entonces a analizar la presión atmosférica medida en milibares. Xosé entró en varios bares. Picazo usó el psicrómetro para conocer la humedad atmosférica. Xosé tomó una de callos y 3 botelles de sidra. Finalmente el meteorólogo se ayudó de estaciones e instrumentos meteorológicos como satélites, radares y la red de rayos. Xosé salió de último bar medio moña, cogió una de les cabres y miro-y los huevos. Así comenzaba el gran duelo.

Mario Picazo pronosticó entonces una alta presión en la atmósfera asturiana. Xosé replicaba que la alta presión la tenía él en los calzoncillos. Mario Picazo alertó de posibilidad de un frente caliente. Xosé dijo que pa frente caliente la suya cuando veía en bragues a la vecina del 4º. Mario Picazo, desconcertado, se decidió a emitir su veredicto final: “MAÑANA LLUEVE”. Ahora era el turno de Xosé, que dando tumbos murmuró: “Mañana llueve, fae sol y nublase. Y todo esto entre les 14:00 y les 15:00 que ye cuando ordeño yo a Hermosindo”.

El día siguiente dictó sentencia. Xosé Villa acertaba todas sus predicciones y Mario Picazo marchó de Asturias con una buena hostia y tres mueles menos. A partir de ese día comprendió varies coses: una, que enfrentase a un cabrero de Sotrondio ye como bañase en Fanta. Absurdo. Y dos, que intentar adivinar el tiempo en Asturias suele ser misión imposible. Por lo que desde ese día comenzó a pronosticarlo lanzando una moneda al aire.

EL RESTO ES HISTORIA.

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